Apareció de la noche a la mañana: el misterio de la Virgen María de Clearwater (2 of 4)

La noticia se difundió de inmediato. La llamaron Nuestra Señora de Clearwater, aunque ella nunca pidió ese nombre. En cuestión de horas, la acera frente al edificio se llenó de velas y flores. Desconocidos se abrazaron. Gente se arrodilló sobre el concreto tibio por donde, apenas días antes, habían pasado maletines. Al caer la noche, la pregunta dejó de ser solo qué era la imagen y pasó a ser qué significaba. Fe, coincidencia, ilusión: cada quien tenía una respuesta, y ninguna parecía suficiente.

Pronto, el lugar adquirió un ritmo propio de devoción. Una parroquia local rentó la propiedad y dispuso sillas plegables frente a la pared, para que los visitantes pudieran sentarse, rezar o simplemente permanecer bajo el resplandor de la imagen. Sobre las mesas aparecieron rosarios. Parejas intercambiaron votos matrimoniales al aire libre. Algunos se arrodillaron, vencidos por una emoción que no sabían cómo explicar. La policía tuvo que controlar las multitudes mientras la afluencia crecía de cientos a miles. Con el tiempo, las autoridades calcularon que casi medio millón de personas hicieron el viaje.