8 animales salvajes que las culturas antiguas domaron con éxito (3 of 5)
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Los mongoles de las estepas (águilas reales)
En las estepas de Mongolia, los zorros —valorizados por sus pieles cálidas durante los inviernos crueles— son complicados de cazar en solitario. Una antigua etnia nómada, los Burkitshi o “cazadores de águilas”, encontró una solución sorprendente: subcontratar la caza a la águila real, el depredador supremo del cielo, con enormes alas y garras poderosas. Como rito de iniciación, un joven Burkitshi trepaba hasta un risco para arrebatar un polluelo de hembra del nido (las hembras son mucho más grandes y combativas que los machos) y lo alimentaba a mano y le hablaba durante meses hasta que reconociera su voz. Entonces, cabalgando por los valles para hacer salir a los zorros de sus escondites, el águila se lanzaba tras la presa y se la entregaba al cazador a cambio de un pedazo de carne. Esa alianza entre humano y ave perdura hasta hoy.

Los aztecas de Mesoamérica (pavos)
Hoy en día asociamos al pavo con las cenas de Acción de Gracias en Canadá y EE. UU., pero hace cientos de años ocupó un lugar tan central en la vida azteca que fue completamente domesticado. Además de alimentar a la población, sus plumas se usaban en prendas decorativas y objetos rituales. Con frecuencia también se los ofrecía en sacrificios a los dioses —algo nada bueno para el pavo—, pero eso sólo demuestra cuánto los valoraba la gente de Mesoamérica.